Ruth
Ruth —Ruth, ¿qué problema tiene esta mañana? Está usted verdaderamente irritante. Ayer, con aquella oscura atmósfera y percatándose de mi mal humor, no le escuché más que expresiones de felicidad; en cambio, hoy, que todas las criaturas bajo el cielo[31] están gozando, usted parece triste y abatida. Verdaderamente, deberÃa aprender a compartir un poco las emociones ajenas.
Las lágrimas corrieron velozmente por las mejillas de Ruth que, sin embargo, nada decÃa. No podÃa expresar con palabras la conciencia apenas adquirida del modo en que, de ahora en adelante, serÃa tratada. Pensó que si hubiese tenido conocimiento de aquello que habÃa sucedido esa mañana, no se habrÃa afligido como ella, e imaginó que la estima que le tenÃa se habrÃa derrumbado si le hubiese dicho aquello que los demás pensaban de ella; por otra parte, le parecÃa mezquino obstinarse en un sufrimiento del cual ella era la única culpable.
«No haré su vida más amarga», pensó «intentaré estar alegre. No debo pensar tanto en mà misma. Si solamente pudiera hacerle feliz…, las habladurÃas ocasionales carecerÃan de importancia».
En consecuencia, hizo todo lo posible por estar despreocupada como él; pero de un modo u otro, apenas se relajaba le invadÃan los pensamientos y las dudas entraban con fuerza en su mente, asà que, en conjunto, no era la compañÃa alegre y fascinante que el señor Bellingham habÃa conocido.