Ruth
Ruth —¿Me ayudaría a levantarme ahora? —dijo él, después de un rato. Ruth no habló, pero le ayudó a alzarse; él le tomó el brazo y ella lo condujo tiernamente por los estrechos senderos de terciopelo, donde el manto de hierba crecía bajo y suave entre las piedras irregulares. Una vez que regresaron al camino principal, anduvieron lentamente bajo los rayos de la luna. Él la guiaba con un ligero movimiento del brazo por las calles menos frecuentadas y juntos alcanzaron el apartamento que tenía en el comercio; pensaba sobre todo en el bien de ella, y en el dolor que habría sentido al ver las ventanas iluminadas de la posada. Mientras esperaban que alguien abriese la puerta, se apoyó con más fuerza en su brazo.
—Pase —dijo, sin disminuir la presión sobre el brazo, temiendo que ella pudiera resistirse a entrar y escapar una vez más.
Entraron lentamente en el saloncito posterior del comercio. La propietaria, una mujer de aspecto robusto, de nombre señora Hughes, se apresuró a encender una vela y entonces se vieron cara a cara. El hombre deforme estaba muy pálido; sobre Ruth, en cambio, parecía que pendía la sombra de la muerte.