Ruth
Ruth —Si no tiene amigos y es la persona que usted me describe (cosa que he visto con mis propios ojos), el mejor lugar para ella, como ya he dicho, serÃa la casa correccional. Las cincuenta libras le bastarán para una semana o más, si verdaderamente no se encuentra en condiciones de viajar, y pagarse también el viaje. Después, si a su regreso a Fordham quiere contactarme, me encargaré de obtener su admisión inmediatamente.
—Esta muchacha es, sin duda, muy afortunada de que una señora como usted se interese por ella, después de todo lo que ha sucedido.
La señora Bellingham pidió su escritorio y se afanó en escribir unas pocas lÃneas para expedirlas con el cartero, que estaba a punto de partir: