Ruth
Ruth Cuando el señor Bradshaw tuvo el placer de observar la extrema sencillez del vestuario de Ruth, no pudo por menos que complacerse de que aquella joven siguiera las directrices de una economía rígida y severa. La economía en sí misma, sin ánimo de idealizarla o sacralizarla, tenía un gran valor para él. Y así tomó a Ruth bajo su protección. Interpretó su carácter tímido y apocado, consecuencia de un sentimiento que afloraba en ella como fuente del sufrimiento más absoluto que jamás hubiera podido imaginar, como un temor reverencial, justo y apropiado, hacia él. En la iglesia se olvidaba de sus plegarias para observar cómo ella rezaba las suyas. En cierta ocasión, cuando llegó el momento de entonar un himno que versaba sobre la inmortalidad y la vida eterna, lo cantó con una voz inusualmente estentórea, pensando que de ese modo la consolaba por el dolor de su esposo muerto. Deseaba que la señora Bradshaw le prestara toda su atención. Un día, incluso se atrevió a mencionar que la consideraba una joven tan respetable que no tendría objeción alguna en invitarla a tomar el té en la siguiente ocasión en que hospedaran al señor y a la señorita Benson. Añadió que en realidad, el domingo anterior le había parecido que el señor Benson esperaba recibir una invitación y que era justo animar al pastor y mostrarle su respeto a pesar de sus bajos ingresos. El único defecto que encontraba en la señora Denbigh era haberse casado a tan temprana edad y sin recursos para proveer a su familia. No obstante Ruth fingió estar indispuesta como excusa para no acompañar al señor y a la señorita Benson cuando fueron invitados a casa del señor Bradshaw, conservó su lugar en la estima de éste y la señorita Benson tuvo que recurrir a su «talento para inventar historias», para ahorrarle a Ruth el castigo de ulteriores regalos, con los que le hubiera satisfecho su deseo de favorecerla.