Ruth

Ruth

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Aquella noche me pregunté si no habría sido muy cruel con él. Yo estaba como en un estado febril: constantemente me venía a la cabeza la vieja canción de Bárbara Allen[58]; imaginaba que era Bárbara y que Jeremiah era el joven Jemmy Gray y que quizá había muerto por su amor hacia mí. Me lo imaginaba a menudo postrado en su lecho de muerte, con el rostro apuntando a la pared, «entre mortales suspiros de dolor», y en ese momento me arrepentí de haber sido tan cruel como Bárbara Allen. Al día siguiente, cuando me desperté, tuve problemas para distinguir al verdadero Jerry Dixon que había visto la tarde anterior, del Jerry que mientras estaba entre el sueño y la vigilia, había imaginado agonizante. Incluso muchos días después, cuando las campanas repicaban a muerto, me sentía indispuesta; pensaba que aquellas llamadas fúnebres me destrozarían el corazón, que al escucharlas me daría cuenta de aquello que había perdido rechazando a Jerry y que con mi negativa lo había matado cruelmente. Pero tres semanas después escuché las campanas de la parroquia tocar a fiesta por un matrimonio y aquella mañana alguien me dijo: «¡Escucha! Escucha cómo suenan las campanas por la boda de Jerry Dixon». Y de repente, aquel joven con el corazón desgarrado que me recordaba a Jemmy Gray, volvió a ser de nuevo un hombre corpulento de mediana edad, de piel oscura y con una gigantesca verruga sobre la mejilla izquierda.


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