Ruth
Ruth En la orden de los disidentes, a la que pertenecía el señor Benson, no se consideraba necesaria la inmediata celebración del bautismo; por otra parte, se dieron una serie de circunstancias que contribuyeron a que la solemne celebración de acción de gracias y de consagración del bebé (que es el modo en que los disidentes entienden el sacramento del bautismo), se retrasase hasta los seis meses del bebé. En el saloncito se tuvieron largas e innumerables charlas entre el hermano, la hermana y su protégée[62], en las que Ruth exponía sus dudas —las cuales desvelaban una especie de ignorancia inquieta y curiosa— mientras el señor Benson trataba de despejarlas con respuestas más evocadoras que esclarecedoras; la señorita Benson, por su parte, aportaba sus comentarios, siempre sencillos y a menudo extraños, pero marcados por esa especie de intuición que nace del corazón cuando se habla de cuestiones religiosas, y que frecuentemente son el verdadero regalo de aquello que, a simple vista, pudiera parecer exclusivamente complaciente y afectuoso. El señor Benson, después de haber ilustrado sus propias ideas sobre el sacramento del bautismo —y tras haber reconducido a Ruth a un idóneo estado de ánimo, y a sus latentes sentimientos hacia una sinceridad temerosa de Dios—, se enorgulleció de haber hecho todo lo posible por convertir la ceremonia en algo más que una mera formalidad, y por envestir aquel sobrio rito —modesto y oscuro como necesariamente debe ser en su apariencia exterior, triste y angustioso como lo habían celebrado muchos de sus antepasados—, en un acto imbuido de una austera belleza consumado en la verdad y la fe.