Ruth
Ruth La señorita Benson quedó más bien sorprendida al recibir la visita de Jemimah Bradshaw, la mañana misma del día en que debía celebrarse el bautizo del pequeño Leonard. La señorita Bradshaw estaba ruborizada y sin aliento por la excitación. No obstante era la segunda hija de los Bradshaw, durante los bautizos de sus hermanas más pequeñas se encontraba en la escuela, por lo que ahora con todo el entusiasmo de un capricho de jovencita, se presentó en su casa para preguntar si podía asistir a la misa de aquella tarde. Cuando acompañó a su madre en la visita a los Benson, de su regreso de Gales, la gracia y belleza de la señora Denbigh la impresionaron enormemente; sentía una gran curiosidad por aquella viuda, tan sólo unos años mayor que ella, cuya discreción y retirada vida social, la volvían aún más fascinante.
—¡Oh, señorita Benson! Nunca he asistido a un bautizo; papá dice que quizá podría acudir si el señor Benson y la señora Denbigh están de acuerdo. Estaré callada, me pondré de pie, detrás de la puerta o donde ustedes me digan. ¡Es un bebé tan dulce! Me gustaría tanto verlo bautizarse; ¿me ha dicho que se llamará Leonard? ¿Como el señor Denbigh, verdad?
—No… no exactamente —dijo la señorita Benson, un poco perpleja.