Ruth
Ruth —¡Ah, asà están las cosas, eh! Debo comportarme bien, no porque sea lo justo, sino para aparentar delante del señor Farquhar. ¡Oh, señor Farquhar! —exclamó, de repente modificando el tono de su voz en una especie de reproche—. No podÃa imaginarme que fuera asà hace apenas una hora; no pensaba que fuera un hombre tan calculador a la hora de elegir a una esposa, aunque sà es cierto que siempre ha profesado actuar conforme a las normas. Pero usted está convencido de que ya soy suya, ¿no es cierto? Porque es apropiado y conveniente; porque es su intención casarse y no desea perder su tiempo con el cortejo —estaba autoflagelándose, exagerando todo aquello que habÃa declarado su padre—; ¡cuántas veces me he angustiado pensando que no estaba a su altura! Pero ahora lo entiendo perfectamente. Estoy segura de que su comportamiento responde a un plan calculado; es usted correcto porque ello aumenta la honorabilidad de sus actos; se esfuerza en hablar de sus principios porque provoca un noble efecto y le otorga respetabilidad; pero incluso esto es más honrado que su glacial modo de buscar esposa, igual que lo harÃa con una alfombra, para acrecentar su bienestar y vivir en modo decoroso. Pero no seré yo esa mujer. Procederé de modo tal que le hará replantearse su proyecto de familia.
La vehemencia de su llanto le impedÃa seguir hablando y pensando. Cuando se calmó, se dijo a sà misma: