Ruth
Ruth El señor Cranworth y sus antepasados eran los soberanos de Eccleston desde tiempos ancestrales. Su derecho a esta soberanía era tan indiscutible que jamás se sintieron en la obligación de manifestar cualquier muestra de gratitud por la fidelidad tributada con tanta facilidad. La antigua relación feudal entre terrateniente y vasallo no había sido proféticamente destruida con la aparición de la industria. La familia Cranworth ignoraba la relevancia adquirida por la industria, sobre todo porque la persona que acumulaba un mayor imperio era un disidente. Pero incluso con la falta de apoyos por parte de la familia más notable de la ciudad, los negocios florecían, crecían y se expandían, motivo por el cual aquel disidente, mirando a su alrededor —más o menos en el periodo del que estoy hablando—, se sintió con el suficiente poder como para hacer una digna oposición al gran Cranworth en su mismo feudo hereditario, vengándose así de las afrentas de tantos y tantos años que disgustaban al señor Bradshaw, del mismo modo que si no asistiera a misa dos veces cada domingo y no pagara la renta de su banco, más que cualquier otro miembro de la congregación del señor Benson.