Ruth
Ruth —¡Oh! ¡Si papá pudiera comprar esta casa! —exclamó Elizabeth cuando amainó la tempestad que habÃa observado en silencio desde que habÃa aparecido la primera «nubecilla, no más grande que la mano de un hombre»[82].
—Mucho me temo que a mamá no le gustarÃa por nada del mundo —dijo Mary—. DirÃa que nuestras deliciosas ráfagas de viento, no son más que corrientes de aire y pensarÃa que podrÃamos resfriarnos.
—Jemimah estarÃa de nuestra parte. Pero ¿cuándo vuelve la señora Denbigh? ¡Espero que se encontrara cerca de la oficina postal cuando ha comenzado a llover!