Ruth
Ruth —¡No! No se parece a ninguna persona que conozca. Casi asusta su premura en abrirme la puerta cada vez que salgo de la cámara y en ofrecerme su silla cuando entro. No me he encontrado jamás con un hombre como él. ¿A quién te recuerda, Jemimah?
—No madre, no me recuerda a ninguna persona, a ningún ser humano —respondió Jemimah con una sonrisa—. ¿Se acuerda de aquella vez que nos detuvimos en Wakefield, en el camino que va a Scarborough, y que en algún lugar cercano se estaba celebrando una carrera de caballos y que algunos de ellos se encontraban en los establos de la posada donde nos alojamos?
—SÃ, me acuerdo, pero ¿qué importa eso?
—Está bien, Richard, por algún motivo, conocÃa a uno de los jinetes y cuando en una ocasión regresábamos de uno de nuestros paseos por la aldea, este hombre o muchacho, nos pidió que le acompañáramos a ver a uno de los caballos que le habÃan confiado.
—¿Y bien, querida?
—Y bien, madre. ¡El señor Donne es igualito a aquel caballo!
—TonterÃas, Jemimah. ¡No digas eso! ¡Que no te escuche tu padre comparar al señor Donne con una bestia!