Ruth
Ruth RECONOCIMIENTO
El sábado llegó. Nubes laceradas y resquebrajadas se movÃan por el cielo. No era un dÃa adecuado para admirar el paisaje y las muchachas se disgustaron mucho. Al principio esperaron ilusionadas que cambiara el tiempo para el mediodÃa y cuando vieron que no era posible aguardaron al atardecer. Pero en ningún momento el sol mostró su semblante.
—Papá no comprará jamás esta preciosa casa —dijo Elizabeth tristemente, observando el clima—. Es el sol el que lo vuelve todo hermoso. Hoy la mar parece más gruesa y privada de destellos. Y la arena —que el martes brillaba tan amarilla y luminosa—, ahora es de un oscuro marrón.
—No os atormentéis. Puede ser que mañana mejore —dijo Ruth con tono alegre.
—¿Quién sabe a qué hora llegarán? —murmuró Mary.
—Vuestro padre ha dicho que llegarÃan a la estación a las cinco en punto. Y la patrona del «Swan» me comentó que se tarda una media hora en llegar aquÃ.
—¿Y tienen que comer a las seis? Preguntó Elizabeth.
