Ruth
Ruth REUNIÓN EN LA PLAYA
Se lo llevará. Me quitará a mi hijo. Estas palabras resonaban como repiques de campana en la mente de Ruth. Le parecÃa que su destino estaba marcado. ¡Le arrebatarÃa a Leonard! Estaba firmemente convencida —el hecho de que no supiera cuáles eran las bases de dicha afirmación, no la volvÃa menos real— de que un hijo, legÃtimo o no, pertenecÃa por derecho al padre. Y Leonard, de entre todos los niños, era el prÃncipe, el rey. No existÃa un solo corazón de hombre que no deseara llamar a Leonard, «hijo». En aquel momento se sentÃa tan acorralada, que no habrÃa conseguido razonar con frialdad y objetividad, aunque se encontrara en compañÃa de personas capaces de suministrarle la información que le permitiera extraer una justa conclusión. Aquella idea le obsesionaba dÃa y noche.
—¡Se llevará a mi hijo!
