Ruth
Ruth UN DOMINGO EN EL TALLER
El domingo siguiente el señor Bellingham asistió a la sesión vespertina en la iglesia de St. Nicholas. HabÃa pensado mucho en Ruth, mucho más de lo que ella habÃa pensado en él —si bien ella más que él, vivió su encuentro como un gran acontecimiento—. No teniendo la costumbre de pararse a analizar la naturaleza de sus sentimientos —de los que simplemente se limitaba a gozar con el tÃpico placer que la juventud prueba al experimentar nuevas e intensas emociones—, estaba desconcertado del efecto que aquella muchacha tenÃa sobre él. Era viejo respecto a Ruth, pero como hombre era aún joven: apenas tenÃa veintidós años. Como le sucede a muchos, ser hijo único habÃa generado en él un comportamiento inadecuado en aquellos aspectos de su carácter que habitualmente se forman con el paso de los años.
La inconstancia en la disciplina a la que los hijos únicos están sujetos; la frustración resultante de un exceso de ansia; la desconsiderada indulgencia que nace del amor transmitido sobre un único objeto; todo esto, en su educación habÃa estado amplificado por el hecho de que en este caso la madre (su único progenitor con vida) se encontraba en una condición de soledad análoga a aquella del hijo.
