Ruth
Ruth Pero cuando se levantó le sobrevino un vértigo y se tambaleó tanto que se mostró aliviada de sentarse rápidamente de nuevo.
—Tienes que quedarte aquí y reposar. Yo iré con él —la tranquilizó el señor Benson.
La dejó allí. Cuando se marchó, Ruth apoyó la cabeza sobre el respaldo de la silla y lloró suavemente y sin pausa; pero en su corazón había un sentimiento más paciente, esperanzado y resuelto, que mientras tanto, a través de las lágrimas que estaba vertiendo la condujo a pensamientos más elevados hasta que finalmente llegó a la oración.