Ruth
Ruth Leonard era aún su inmensa fuente de angustia. En ocasiones el problema que se les planteaba era si podría vivir atravesando todas estas pruebas de adaptación en la infancia. Luego, se daban cuenta de que para su madre, Leonard, era una preciosa bendición, un fuego resplandeciente, y de cuán dura era la noche, cuán desolado el páramo, cuando Leonard no estaba. Madre e hijo, ambos mensajeros de Dios, ángeles guardianes, el uno del otro.