Ruth
Ruth ¡No! Por algún motivo o capricho desconocido, y del que no podía disuadirla, quería mantener el secreto de su relación. Tenía un innato deseo de evitar las congratulaciones que a buen seguro recibiría de su familia. Por un lado, temía que su padre lo considerara como una satisfactoria cesión de su hija a un hombre de valores que, siendo su socio, no implicaría para la empresa ninguna reducción de capital. Por otra parte, le molestaba aún más si cabe, la alegría de Richard ante el hecho de que su hermana hubiera «cazado» semejante buen partido. Era solamente a su madre, un corazón puro, a quien ansiaba confesárselo. Sabía que sus felicitaciones no desentonarían, aunque no produjeran el armónico sonido del órgano de su amor. Pero todo aquello que su madre sabía, llegaba directamente a oídos de su padre, por ello y de momento, decidió mantener oculta su posición. De cualquier modo, la bendición que más anhelaba era aquella de Ruth, aunque era consciente de que debían ser sus padres los primeros en conocer la noticia. Impuso reglas muy estrictas al comportamiento del señor Farquhar; discutió y discrepó con él más que nunca, aunque cuando disentían, tenían una feliz y secreta complicidad recíproca en sus corazones, porque la afinidad de opiniones no es siempre necesaria para la plenitud y perfección del amor.