Ruth
Ruth —¿No eres, quizá, también un placer? Y ¿acaso no es Leonard un querido objeto de amor? Es fácil hablar, lo sé… yo que soy tan impaciente… ¡Oh, no merezco la felicidad de la que estoy disfrutando! No te imaginas lo bueno que es Walter. ¡Y yo que pensaba que era un hombre frÃo y desconfiado! Ahora, Ruth, ¿puedes decirles al señor y a la señorita Benson que estoy aquÃ? En casa están firmando los documentos y no sé qué hacer allÃ. Cuando regresemos de nuestro viaje, espero veros a menudo, si me lo permitÃs.
El señor y la señorita Benson le dieron un caluroso recibimiento asà como sus mejores augurios. Llamaron a Sally, que trajo consigo una vela para poder examinarla de cerca y comprobar cuánto habÃa cambiado: ¡no la veÃa desde hacÃa tanto tiempo! Jemimah estaba en el centro de la sala, reÃa y se ruborizaba mientras Sally la estudiaba de arriba a abajo, sin entender que el viejo vestido que llevaba puesto por última vez, no pertenecÃa al ajuar que vestirÃa durante su matrimonio. La consecuencia de este malentendido, fue que Sally, con sus enaguas cortas y su chaqueta, no dejaba de hacer muecas de desaprobación frente a aquel estilo pasado de moda con que estaba hecho el vestido de Jemimah. Finalmente, se despidió de todos con un beso y fue en busca de su impaciente señor Farquhar que la estaba esperando.