Ruth
Ruth —¡Oh, señor! —exclamó alzándose y aferrándole ambas manos—, ¿no será usted tan cruel, verdad? Yo tengo algo de dinero que me dejó mi padre; no sé cuánto es, pero creo que serán más de dos mil libras. Son para usted. Y si no pudiera dárselo ahora, haré testamento. Pero tiene que ser un poco misericordioso con el pobre Dick; no puede denunciarle, señor.
—Mi querida señora Bradshaw, no se agite de este modo. No tengo intención de denunciar a Richard.
—Pero el señor Bradshaw dice que debe usted hacerlo.
—No lo haré de ningún modo. Asà se lo he manifestado al señor Bradshaw.
—¿Ha estado aqu� ¡Oh! ¿No es cruel? No me importa. Hasta ahora he sido una buena esposa. Sé que lo he sido. He hecho todo lo que me ha ordenado desde que nos casamos. Pero ahora diré lo que realmente pienso; le diré a todo el mundo, lo duro y cruel que es con su propia sangre. Si mete al pobre Richard en prisión, iré yo también. Si debo elegir entre mi marido y mi hijo, elijo a este último. Se quedará sin amistades, si yo le dejo.
—El señor Bradshaw lo reconsiderará. Verá que cuando la rabia y la decepción iniciales desaparezcan, cambiará de opinión.