Ruth
Ruth Si alguna vez Jemimah imaginó que de la infracción de Richard pudiera derivarse algo bueno, como la recuperación de la antigua comprensión o las relaciones entre su padre y el señor Benson, si dicha esperanza flotaba en su mente, estaba destinada al fracaso. El señor Benson se hubiera mostrado feliz de frecuentar la casa del señor Bradshaw si éste le hubiera invitado; y estaba en guardia ante todo aquello que pudiera constituir incluso la sombra de una invitación. Pero nada parecido llegó. Al señor Bradshaw, por su parte, le hubiera gustado que el obstinado aislamiento de su vida actual se rompiera con las visitas ocasionales del viejo amigo al que una vez había prohibido la entrada en su casa. Pero, dado que la prohibición había salido de sus labios, se negaba soberbiamente a hacer cualquier cosa que pudiera interpretarse como una retractación. Jemimah durante algún tiempo perdió la esperanza de que su padre volviera a pisar su despacho o a retomar sus viejos hábitos de negocio. Había claramente amenazado a su marido. Todo lo que Jemimah podía hacer era escuchar las alusiones que el padre hacía de tanto en tanto al respecto de esta amenaza, evidentemente para saber si ésta había inquietado suficientemente al marido como para que lo comentara con su esposa. Si el señor Farquhar lo hubiera mencionado simplemente a dos o tres personas, éstas sabrían que había sido una decisión suya, si bien tomada en un momento de arrebato y durante sólo media hora, lo que obligaría al señor Bradshaw a atenerse a ella inexorablemente, para demostrar aquello que él llamaba coherencia, pero que en realidad no era más que simple obstinación. Jemimah agradecía que su madre se encontrara a menudo ausente dedicando casi todo su tiempo a cuidar de su hijo. Si hubiera estado en casa, habría suplicado e implorado a su marido que retomara sus costumbres; dicha insistencia probablemente provocaría el efecto contrario: el señor Bradshaw se afianzaría aún más en su postura, con todas las consecuencias que ello desencadenaría. Estando así las cosas, el señor Farquhar trabajaba duramente, desplazándose continuamente de un lugar a otro: supervisaba sus negocios en Eccleston, tomaba decisiones, confortaba y hablaba con sinceridad en la enfermería donde se encontraba Richard. Durante una de sus ausencias, surgieron algunas dificultades que requerían la intervención de uno de los socios. Para alegría de Jemimah, el señor Watson visitó a su padre para preguntarle si se encontraba lo suficientemente recuperado para celebrar una reunión de trabajo. Jemimah, camuflando su felicidad, refirió literalmente la pregunta; la titubeante respuesta del señor Bradshaw fue afirmativa. Al poco, le vio salir de casa acompañado del viejo y fiel empleado. Cuando se encontraron para la cena, el padre no hizo alusión alguna ni a la visita matutina ni a su salida. Pero desde aquel día, comenzó a asistir regularmente a su despacho. Escuchaba cada una de las informaciones sobre el accidente de Dick y todos los progresos de su convalecencia en absoluto silencio y con la actitud más indiferente que lograba aparentar; sin embargo, cada mañana se quedaba en el comedor hasta que llegaba la correspondencia con novedades del sur.