Ruth
Ruth Mientras la ciudad se nutrÃa de todas estas cuestiones, que se alternaban unas con las otras —ahora hablaban del resurgimiento de la actividad comercial, ahora de las elecciones que se celebrarÃan en pocas semanas, ahora de los bailes en la residencia de los Cranworth en los que el señor Cranworth bailaba con todas las reinas de belleza de la corporación de comerciantes de Eccleston—, llegó arrastrándose de puntillas, de un modo furtivo y escurridizo, la terrible fiebre, aquella fiebre que no está totalmente reservada a aquellos tétricos ambientes de vicio y de miseria, sino que vive en la oscuridad, como una bestia salvaje, escondida en los rincones ocultos de su madriguera. Comenzó en las casas más humildes de los irlandeses pero allà era talmente común que no se le prestó la debida atención. Aquellas pobres criaturas morÃan sin tener siquiera los cuidados de los médicos, que no fueron alertados hasta que los sacerdotes católicos hicieron el primer anuncio de la difusión de aquella terrible epidemia.