Ruth
Ruth Compitieron entre ellos, por ver quien dirigía mayores muestras de afecto. Se apresuraron a tomar el té, acercaron el sofá al fuego; la convencieron para que se recostara; Ruth se sometía a sus cuidados con la docilidad de un niño; cuando encendieron las velas, incluso la meticulosa mirada del señor Benson no encontró cambios en su aspecto, salvo una mayor palidez en su rostro. Sus ojos eran los de siempre, llenos de luz espiritual, sus delicados labios aparecían rosados como siempre y su sonrisa, si bien un poco singular, era aún dulce como siempre.