Ruth
Ruth —Lo pensaré —contestó Ruth, sonriendo ante la imagen que Jemimah habÃa diseñado. Luego, felices ante la prometedora perspectiva que tenÃan ante ellas, se separaron. Para no volverse a encontrar jamás.
Apenas la señora Farquhar se marchó, irrumpió Sally.
—¡Oh! ¡Querida, querida! —profirió mirando a su alrededor—. ¡Si hubiera sabido que el pastor vendrÃa a visitarnos, habrÃa puesto el mantel de los domingos! Te veo bastante bien —añadió, examinando a Ruth de la cabeza a los pies—. Siempre tienes ese aspecto refinado y ordenado en el vestir, aunque no creo que tus vestidos cuesten más de dos centavos el metro, pero tienes una cara que los hace resaltar. Por lo que a usted se refiere —masculló girándose hacia la señorita Benson—, creo que deberÃa vestir con algo mejor que este viejo vestido, si por una vez se diera crédito al criterio de una parroquiana como yo, a la que el señor Grey conoce desde que mi padre era su subordinado.
—Olvida usted, Sally, que he estado toda la mañana preparando la gelatina. ¿Cómo podrÃa yo saber que era el señor Grey el que llamaba a la puerta? —respondió la señorita Benson.