Ruth
Ruth —El señor Donne que yace enfermo en Queen. Llegó la semana pasada con la intención de hacer propaganda electoral, pero estaba demasiado preocupado por todo lo que había oído de la fiebre como para ponerse a trabajar. Y a pesar de todas sus preocupaciones, se ha contagiado. ¡Deberían ver el miedo con el que viven en aquel hotel! El propietario, la propietaria, los camareros, los criados, todos. Ninguno se le acerca, si pueden evitarlo. Sólo permanece junto a él un criado suyo —un muchacho al que salvó de morir ahogado, me han dicho—, que hace todo lo que puede por él. Tengo que encontrarle una enfermera adecuada, de algún modo, en cualquier parte, porque soy un hombre de los Cranworth. ¡Ah, señor Benson! ¡Usted no se imagina las tentaciones que tenemos los médicos! Piense, si yo ahora dejara morir a su candidato, como podría ocurrir tranquilamente si no le encuentro una enfermera, despejaría el camino para el señor Cranworth. ¿A dónde ha ido la señora Denbigh? Espero no haberla asustado al hablarle de Hector O’Brien y aquella terrible noche, en la que les aseguro que se comportó como una verdadera heroína.
Mientras el señor Benson estaba acompañando al señor Davis, Ruth abrió la puerta del estudio y dijo, con voz baja y serena:
—¡Señor Benson! ¿Me permite hablar a solas con el señor Davis?