Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Hasta un habitante del vecino condado de Lancaster se sorprende de la peculiar fuerza del carácter que demuestran los yorqueños. Esto hace que sean interesantes como raza, en tanto que, como individuos, el notable grado de autosuficiencia que poseen les da un aire de independencia que suele ahuyentar al forastero. Empleo la palabra autosuficiencia en su sentido más amplio. Consciente de la extraordinaria agudeza y de la obstinada fuerza de voluntad que parecen casi el derecho de nacimiento de los naturales del West Riding, cada hombre se vale por sà mismo sin recurrir nunca al prójimo. Y como casi nunca precisa la ayuda de nadie, ha llegado a dudar de la eficacia de ofrecer la suya: el éxito general de sus esfuerzos le hace confiar en ellos y exagerar su energÃa y su poder. Pertenece a ese género entusiasta pero miope que considera señal de sabidurÃa recelar de todo aquel cuya honradez no se haya demostrado. Se respetan mucho las cualidades prácticas de un hombre. Pero la desconfianza de los forasteros y de las formas de conducta extrañas se extiende incluso a la manera de considerar las virtudes; y si éstas no producen resultados inmediatos y tangibles, se desechan como inútiles en su mundo de trabajo y esfuerzo; sobre todo si tienen un carácter más pasivo que activo. Los sentimientos son fuertes y están bien arraigados, pero no son (los afectos rara vez lo son) generales; ni se manifiestan abiertamente. En realidad, hay pocas muestras de las cosas agradables de la vida entre esta población ruda y violenta. Su acogida es seca; el tono y el acento de su habla, ásperos y bruscos. PodrÃamos atribuirlo en parte a la libertad del aire montano y a la solitaria vida en la ladera; y también a sus rudos antepasados nórdicos. Poseen un carácter perspicaz y un fino sentido del humor; quienes vivan entre ellos tendrán que contar con sus observaciones nada halagadoras, aunque seguramente sinceras, expresadas en tono sentencioso. No es fácil despertar sus sentimientos, pero son duraderos. De ahà que abunden la amistad estrecha y el servicio fiel; y como buen ejemplo de la forma en que lo segundo se manifiesta con frecuencia, me bastará remitir al lector de Cumbres borrascosas al personaje de José.