Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte No sé qué pesadumbre me abruma últimamente —escribe, expresando su profunda tristeza con patetismo— que me nubla las facultades, y convierte el descanso en fatiga y el trabajo en una carga. De vez en cuando, el silencio de la casa y la soledad del aposento me agobian tanto que casi no puedo soportarlo, y la memoria no deja de estar tan alerta, punzante y aguda como lánguidos los otros sentimientos. Atribuyo ese estado al tiempo que hace. El azogamiento disminuye con las tormentas y los vientos fuertes y antes de esto siento el aviso de que se acerca la alteración atmosférica con una sensación de debilidad fÃsica y una intensa congoja, como lo que algunos llamarÃan presentimiento, y que sin duda lo es, aunque en absoluto sobrenatural [...] No puedo evitar una cierta excitación esperanzada hasta que llega la hora del correo, y cuando un dÃa tras otro no hay nada me deprimo. Es una situación estúpida, absurda y vergonzosa. Me siento irritadÃsima por mi propia dependencia y mi insensatez; pero es muy malo para la mente estar completamente sola, y no tener a nadie con quien hablar de las pequeñas cruces y desilusiones y olvidarlas riendo. Creo que me sentirÃa mejor si escribiera, pero no puedo escribir ni una lÃnea. Lucharé contra esta locura (con la ayuda de Dios), sin embargo.