El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia ¡Cincuenta monedas de oro! El fabricante de lanzas de la vieja Babilonia nunca habÃa llevado tanto oro en su bolsa de cuero. VolvÃa feliz caminando a grandes zancadas por el camino real del palacio. El oro tintineaba alegremente en la bolsa que colgaba de su cinturón y se movÃa con un suave vaivén cada vez que daba un paso, era la música más dulce que jamás hubiera oÃdo.
¡Cincuenta monedas de oro! Le costaba creer en su buena suerte. ¡Cuánto poder habÃa en esas piezas que tintineaban! PodrÃan procurarle todo lo que quisiera: una casa enorme, tierras, un rebaño, camellos, caballos, carros, todo lo que deseara.
¿Qué harÃa con ellas? Aquella noche, mientras tomaba una calle transversal y apresuraba su paso hacia la casa de su hermana, no podÃa pensar en otra cosa más que en esas pesadas y brillantes monedas que ahora le pertenecÃan.
Unos dÃas más tarde, al ponerse el sol, Rodan entró perplejo en la tienda de Maton, prestamista de oro y mercader de joyas y de telas exóticas. Sin fijarse en los atractivos artÃculos que estaban ingeniosamente dispuestos a ambos lados, cruzó la tienda y se dirigió a las habitaciones de la parte posterior. Encontró al hombre que buscaba, Maton, tendido en una alfombra y saboreando la comida que le habÃa servido su esclavo negro.
