El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Cuando se está determinado, se encuentran los medios —respondió Dabasir—. Yo estaba determinado, por eso me puse en camino para encontrar los medios. Primero visité a todos los hombres con los que tenÃa una deuda y les supliqué que fueran indulgentes hasta que pudiera ganar el dinero con el que les pagarÃa. La mayorÃa me acogieron con alegrÃa, algunos me insultaron, pero otros me ofrecieron su ayuda. Uno de ellos me dio justamente la ayuda que necesitaba, era Maton, el prestamista de oro. Al saber que habÃa sido camellero en Siria, me envió a ver al viejo Nebatur, el tratante de camellos al que nuestro buen rey habÃa encargado que comprara varias manadas de camellos para una gran expedición. Con él puse en práctica mis conocimientos sobre camellos y poco a poco pude ir devolviendo cada moneda de cobre o plata. De manera que al final pude caminar con la cabeza bien alta y sentir que era un hombre honorable entre los hombres.
Dabasir se inclinó de nuevo sobre su comida.
—¡Eh, Kauskor, caracol! —gritó lo bastante fuerte para que le oyeran en la cocina—, la comida está frÃa. Tráeme más carne recién asada. Dale también un buen trozo a Tarkad, el hijo de mi viejo amigo, que tiene hambre y que comerá conmigo.