El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »PasĂ© toda la noche escribiendo, aunque me dolĂa la espalda y el mal olor de la lámpara me daba dolor de cabeza, hasta que casi ya no podĂa ni ver. Pero cuando Ă©l regresĂł al amanecer, las tablillas estaban terminadas.
»—Ahora —dije—, cumple tu promesa.
»—TĂş has hecho tu parte del trato, hijo mĂo —me dijo bondadosamente—, y yo estoy dispuesto a cumplir la mĂa. Te dirĂ© lo que deseas saber porque me vuelvo viejo y a las lenguas viejas les gusta hablar, y cuando un joven se dirige a un viejo para recibir un consejo, bebe de la fuente de la sabidurĂa que da la experiencia. Demasiadas veces, los jĂłvenes creen que los viejos sĂłlo conocen la sabidurĂa de los tiempos pasados y de ese modo no sacan provecho de ella. Pero recuerda esto: el sol que brilla ahora es el mismo que brillaba cuando naciĂł tu padre y el mismo que brillará cuando muera el Ăşltimo de tus nietos.
»”Las ideas de los jĂłvenes —continuó—, son luces resplandecientes que brillan como meteoros que iluminan el cielo; pero la sabidurĂa del anciano es como las estrellas filas que lucen siempre de la misma manera, de modo que los marinos puedan confiar en ellas.
»”Retén bien estas palabras si quieres captar la verdad de lo que te voy a decir y no pensar que has trabajado en vano durante toda la noche.