El hombre más rico de Babilonia

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»El castigo por correr este riesgo es una posible pérdida. Estudiad minuciosamente la situación antes de separación de vuestro tesoro; cercioraos de que podréis reclamarlo con toda seguridad. No os dejéis arrastrar por los deseos románticos de hacer fortuna rápidamente.

»Antes de prestar vuestro oro a cualquiera, aseguraos de que el deudor os podrá devolver el dinero y de que goza de buena reputación. No le hagáis, sin saberlo, un regalo: el tesoro que tanto os ha costado reunir.

»Antes de invertir vuestro dinero en cualquier terreno, sed conscientes de los peligros que pueden presentarse.

»Mi primera inversión, en aquel momento, fue una tragedia para mí. Confié mis ahorros de un año a un fabricante de ladrillos que se llamaba Azmur, que viajaba por los mares lejanos y por Tiro, y que aceptó comprarme unas extrañas joyas fenicias. Solamente teníamos que vender esas joyas a su vuelta y repartirnos los beneficios para hacer fortuna. Los fenicios eran unos canallas y vendieron piezas de vidrio coloreado. Perdí mi tesoro. Hoy, la experiencia impediría que confiara la compra de joyas a un fabricante de ladrillos.


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