El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Si pudieras escoger entre un saco lleno de oro y una tablilla de arcilla donde estuvieran grabadas unas palabras llenas de sabidurÃa, ¿qué escogerÃas?
Al lado de las vacilantes llamas de una hoguera alimentada con arbustos del desierto, los morenos rostros de los oyentes brillaban, animados por el interés.
—El oro, el oro —respondieron a coro los veintisiete presentes. El viejo Kalabab, que habÃa previsto esta respuesta, sonrió.
—¡Ah! —continuó, alzando la mano—. Escuchad a los perros salvajes a lo lejos, en la noche. Aúllan y gimen porque el hambre les corroe las entrañas. Pero dadles comida y observad lo que hacen. Se pelean y se pavonean. Y después siguen peleándose y pavoneándose, sin preocuparse por el mañana.
»Exactamente igual que los hijos de los hombres. Dadles a escoger entre el oro y la sabidurÃa: ¿qué hacen? Ignoran la sabidurÃa y malgastan el oro. Al dÃa siguiente, gimen porque ya no tienen oro.
»El oro está reservado a aquellos que conocen sus leyes y las obedecen.
Kalabab cubrió sus delgadas piernas con la túnica blanca, pues la noche era frÃa y el viento soplaba con fuerza.
