El Profeta
El Profeta Entonces un anciano, el dueño de una posada, dijo, «Háblenos de Comiendo y Bebiendo».
Y él dijo:
Que puedieras vivir bastado con la fragrancia de la tierra, y como una planta de la luz sustentarse por la luz.
Pero porque tienes que matar para comer, y robarles la leche de la madre a los jóvenes para saciar tu sed, entonces que sea un acto de adoración,
Y que tu mesa sea un altar en el cual los puros y los inocentes del bosque y campo son sacrificado por eso que es más puro y más inocente dentro de muchos.
Cuando matas a un animal, dÃle a él en tu corazón,
«Por el mismo poder que te mata, yo también soy matado; y yo también seré consumido. Porque la ley que me entrega a ti en la mano le entregará a mi en una mano más poderoso.
Tu sangre y mi sangre no es nada sino la savia que alimenta el árbol del cielo».
Y cuando aplastas una manzana con los dientes, dÃle a ella en tu corazón,
«Tus semillas vivirán en mi cuerpo,
Y los capullos de tu mañana florecerán en mi corazón,
Y tu fragrancia será mi aliento,
