El Profeta
El Profeta Y uno de los jueces de la ciudad hizo paso adelante y dijo, «Háblenos del Crimen y del Castigo».
Y él contestó diciendo:
Es cuando tu espíritu vaga en el viento,
Que tú, solo y sin protección, les cometes un mal a otros y por eso a ti mismo.
Y por ese mal cometido tienes que tocar a la puerta de los bendichos y esperar por un rato sin que te hacen caso.
Como el océano es tu dios-mismo;
Se queda siempre no profanado.
Y como el éter levanta sólo a los alados.
Hasta como el sol es tu dios-mismo;
No sabe las formas del topo ni busca los agujeros del serpiente.
Pero tu dios-mismo no habita solo en tu ser.
Mucho que está adentro de ti todavía es hombre, y mucho adentro de ti ya no es hombre,
Sino un pigmeo amorfo que anda dormido en la neblina buscando su propio despertar.
Y acerca del hombre dentro de ti ahora hablo.
Porque es él y no tu dios-mismo ni el pigmeo en la neblina quien sabe el crimen y el castigo del crimen.
