El Profeta
El Profeta Y un orador dijo, «Háblenos de la Libertad».
Y él contestó:
En la puerta de la ciudad y al lado de tu chimenea te he visto postrarte y adorar tu propia libertad,
Mientras esclavos se humillan ante un tirano y lo alaban aunque los mata,
SÃ, en la arboleda del templo y en la sombra de la ciudadela he visto los más libres de Uds. llevar su libertad como yugo y esposas.
Y mi corazón se sangró adentro; porque sólo se puede estar libre cuando el deseo de buscar la libertad se vuelve en arnés, y cuando se deja de hablar de la libertad como meta y realización.
Estarás libre de verdad no cuando tus dÃas sean sin preocupación y tus noches sin deseo o pena,
Sino cuando éstos te ciñen la vida, pero subes encima de ellos desnudo y desatado.
Y, ¿cómo subirás más allá de tus dÃas y noches a menos que rompas las cadenas que tú, en el almancer de tu entendimiento, te has sujetado a tu mediodÃa?
En verdad lo que tú llamas la libertad es la más fuerte de estas cadenas, aunque sus eslabones brillan en el sol y te deslumbran los ojos.
Y, ¿qué es sino fragmentos de ti mismo de que desharÃas para estar libre?
