El Profeta
El Profeta Quiero que pienses en tu juicio y tu apetito como pensarÃas en dos huéspedes queridos en tu casa.
Claro que no lo honrarÃas al uno más que al otro; porque él que le presta más atención al uno pierde el amor y la fe de los dos.
Entre las colinas, cuando estás sentado en la sombra fresca de los álamos blancos, intercambiando la paz y serenidad de campos y prados distantes — entonces que tu corazón diga en silencio, «Dios se descansa con la razón».
Y cuando la tormenta viene, y el viento poderoso sacude el bosque, y trueno y relámpagos proclaman la majestad del cielo — entonces que tu corazón diga en sobrecogimiento, «Dios se mueve con la pasión».
Y porque eres un aliento en la esfera de Dios, y un hoja en el bosque de Dios, tú también debes descansarte con la razón y moverte con la pasión.