El Profeta
El Profeta Entonces una sacerdotista dijo, «Háblenos del Rezo».
Y él contestó, diciendo:
Rezas en tu angustia y tu necesidad; que pudieras rezar también en la plenitud de tu alegrÃa y en tus dÃas de abundancia.
Porque, ¿qué es el rezo sino la expansión de tú mismo en el éter vivo?
Y si es para tu comodidad que vertes tu oscuridad en el espacio, también es para tu alegrÃa que vertes el almancer de tu corazón.
Y si no puedes sino llorar cuando tu alma te convoca a rezar, ella debe espolearte vez tras vez, aunque llores, hasta que vengas riendo.
Cuando rezas ascendes para conocer en el aire a ellos que rezan en esa misma hora, y a quienes salvo en el rezo tal vez no conocerás.
Por eso, que tu visita a ese templo invisible no sirva para nada sino el éxtasis y la comunión dulce.
Porque si entras el templo con ninguna intención salvo pedir no recibirás.
Y si entras para hacerse humilde no serás ascendido:
Aunque entres para pedir lo bueno para otros no serás oÃdo.
Bastas con entrar el templo invisible.
