Fausto
Fausto FAUSTO (Entrando con el perro.)
He dejado campos y praderas
cubiertos ya de tenebrosa noche;
con espanto sagrado y aprensivo
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despierta entonces la mejor de las almas.
Dormidos están, al fin, los salvajes impulsos
y su conducta desenfrenada;
renace el amor a los hombres,
renace, pues, el amor a Dios.
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¡Quédate tranquilo, perrillo lanudo! ¡No corras de un lado a otro!
¿Qué tanto husmeas en el umbral?
¡Acuéstate detrás de la estufa!,
que te daré el mejor de los cojines.
Ya que afuera, en la senda montañosa,
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tanto nos divertiste con tus brincos y correrÃas,
acepta ahora igualmente de mi parte los cuidados
cual huésped sereno y bienvenido.
¡Ay!, cuando arde en nuestra angosta celda
de nuevo la lámpara amiga,
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