Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther ¡DeberÃa sufrir triste muerte aquel que se burla de quien viaja buscando las fuentes más lejanas, que sólo servirán para agravar su enfermedad y hacerle más doloroso lo que le queda de vida! Aquel que se considera superior al corazón oprimido, que para librarse de sus remordimientos y desterrar los sufrimientos de su alma, realiza una peregrinación hasta el Santo Sepulcro. Cada paso que dibujan sus suelas en caminos no hoyados es una gota balsámica en su alma asustada, y con cada dÃa de viaje soportado, su corazón suelta con mayor facilidad el lastre de sus preocupaciones. ¿Y vosotros, mercachifles de las palabras, osáis llamar a esto locura desde la comodidad de vuestras poltronas? ¡Locura! ¡Oh, Dios! ¡Tú puedes ver mis lágrimas! ¡Tuviste Tú, Tú que creaste al ser humano suficientemente pobre, tuviste también que darle hermanos que le robasen aún la poca fe que tiene en Ti, en Ti, Todopoderoso! Porque la fe en una raÃz curativa, en las lágrimas de la cepa, ¿qué otra cosa es que fe en Ti, en que has dotado a todo lo que nos rodea de la fuerza para curar y aliviar que nosotros necesitamos cada hora? ¡Padre a quien no conozco! ¡Padre, que antes llenaba toda mi alma y ahora me ha dado la espalda! ¡Llámame a tu lado! ¡No calles por más tiempo! Tu silencio no detendrá esta alma sedienta. PodrÃa un hombre, un padre, conservar su enojo si su hijo regresa inesperadamente y lo abraza y exclama: «¡Aquà estoy de nuevo, padre! No te enfades porque haya interrumpido la peregrinación a pesar de que tu voluntad era que continuara. El mundo es igual en todas partes, está formado de esfuerzo y trabajo, salario y alegrÃa; pero esto, ¿qué tiene que ver conmigo? Sólo me siento bien donde tú estás y quiero sufrir y disfrutar en tu presencia». Y tú, querido Padre celestial, ¿lo apartarÃas de tu lado?