Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther ¡Cómo me persigue su figura! ¡Toda mi alma la siente tanto durante la vigilia como en el sueño! AquÃ, cuando cierro los ojos, en mi frente, donde se concentra la capacidad interna de ver, aparecen sus ojos negros. ¡AquÃ! No puedo expresarlo. Si cierro los ojos están ahÃ; como un mar, como un abismo, descansan ante mÃ, en mÃ, colmando los sentidos de mi frente.
¿Qué es el hombre, ese semidiós al que tanto se ensalza? ¿Acaso no le flaquean las fuerzas precisamente cuando más las necesita? Y cuando la alegrÃa lo eleva o el sufrimiento lo hunde, ¿no lo sujetan entonces para devolverlo a su estado frÃo e inane precisamente en el momento en el que ansÃa perderse en la plenitud de lo infinito?
¡Cómo desearÃa que nos quedasen más restos manuscritos de los últimos y extraños dÃas de nuestro amigo para no haberme visto obligado a interrumpir con mi narración la serie de cartas que nos legó!
Me he dedicado a recopilar noticias exactas de las bocas de aquellos que pudieran estar bien informados de su historia. Esta historia es sencilla y todas las narraciones coinciden excepto en algunos pequeños detalles: sólo difieren las opiniones de las personas participantes, ya que sus caracteres y sus juicios son distintos.
