Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther La ciudad en sí es desagradable, contrastando con la indescriptible belleza natural que la rodea. Esto fue lo que movió al fallecido conde de M*** a disponer un jardín sobre una de las colinas que se entrecruzan de manera hermosa y diversa, moldeando los más encantadores valles. El jardín es sencillo, y desde que la entrada se percibe que su diseño no es debido a un jardinero que sigue tendencias científicas, sino a un corazón sensible que pretendía encontrar disfrute allí. Ya he vertido algunas lágrimas por el difunto en el pequeño cenador derruido que constituía su lugar predilecto, y que ahora es también el mío. Pronto seré amo y señor del jardín; le caigo simpático al jardinero, a quien conozco sólo desde hace un par de días, y no me lo tomará a mal.
10 de mayo
