Almas muertas
Almas muertas Las adquisiciones de Chichikov se transformaron en la comidilla de todo el mundo. En la ciudad se conversaba, se reflexionaba y discutía respecto de si era ventajosa la adquisición de siervos para trasladarlos a otras tierras. Muchos eran los que daban muestras de un profundo conocimiento de la materia.
—En efecto —decían unos—, las tierras de las provincias meridionales son buenas y fértiles, en eso todos estamos de acuerdo. Pero ¿qué ocurrirá con los siervos de Chichikov sin agua? Pues por allí no existe río alguno.
—Eso de la carencia de agua aún no es grave, Stepan Dmitrievich, pero la instalación en nuevos lugares es algo que no resulta nada seguro. Bien sabemos que el campesino que tiene que roturar tierras vírgenes, cuando nada posee, ni tan sólo una cabaña, huirá como dos y dos son cuatro, oteará los contornos y si te he visto no me acuerdo.
—Aguarde, no vaya usted tan aprisa, Alexei Ivanovich; no estoy conforme en eso de que los campesinos de Chichikov huirán. El ruso es capaz de todo y se aclimata en todas partes. Incluso en Kamchatka, si se le entregan unas buenas manoplas, cogerá el hacha y edificará para él una cabaña nueva.
