Almas muertas

Almas muertas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO X

En cuanto se hubieron reunido todos en casa del jefe de policía, los funcionarios tuvieron ocasión de darse cuenta de que, tras tantas inquietudes y preocupaciones, todos habían adelgazado mucho. Efectivamente, el nombramiento de un nuevo gobernador general, los importantes documentos recibidos, y los rumores que circulaban, todo esto dejó sensibles huellas en sus caras, y a un buen número de ellos los fraques les venían extremadamente anchos. El fenómeno era general: el presidente, el inspector de Sanidad, el fiscal, e incluso un tal Semión Ivanovich, a quien nadie llamaba por su apellido y que lucía en su dedo índice un anillo que acostumbraba a mostrar a las damas, también él estaba como todos, más flaco. Es verdad que hubo valientes a quienes no les había abandonado el ánimo, como siempre sucede en tales ocasiones, pero eran muy pocos, tan pocos que quedaban reducidos a uno: el jefe de Correos. Sólo él no había cambiado en su carácter, siempre igual. En casos semejantes solía exclamar:

—¡Bien sabemos lo que son los gobernadores generales! Los cambiarán en tres o cuatro ocasiones, mientras que yo, señores míos, hace treinta años que no me he movido del mismo cargo.

A lo que los demás funcionarios acostumbraban a responder:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker