El retrato
El retrato Una multitud de carrozas, droykas, carruajes se hallaban parados delante de una casa donde se subastaban todos los objetos que pertenecieron a uno de esos ricos del arte, que absortos ante céfiros y cupidos, se pasaron toda la vida dormitando dulcemente y logrando la fama de mecenas, sin quererlo, gastando para ello los millones heredados de sus padres o que quizá habían ganado ellos mismos con su trabajo en otros años. Ya se sabe que hoy día no existen semejantes mecenas. Hace tiempo que nuestro siglo XIX ha adoptado la aburrida figura de un banquero, que disfruta de sus millones sólo en forma de números escritos en papel.
