Notice: Undefined index: userid in /home/c2380538/public_html/leerlibro.php on line 176 Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /home/c2380538/public_html/leerlibro.php:176) in /home/c2380538/public_html/leerlibro.php on line 183
Notice: Undefined index: user_paid in /home/c2380538/public_html/funciones.php on line 2018 Notice: Undefined index: user_paid in /home/c2380538/public_html/funciones.php on line 2018
Las almas muertas
Las almas muertas Entretanto, Chíchikov, de muy buen humor, viajaba desde hacía rato en su carruaje por el camino real. En el capítulo precedente ya se reveló en qué consistía el objeto principal de sus gustos e inclinaciones, por lo que no es de extrañar que enseguida se entregara a él en cuerpo y alma. Las conjeturas, suposiciones y deducciones que vagaban por su rostro eran sin duda muy agradables, pues dejaban tras de sí a cada instante las huellas de una sonrisa satisfecha. Ocupado de este modo, no prestaba atención alguna a su cochero que, contento con la acogida dispensada por el servicio de Manílov, hacía unas observaciones muy sensatas al caballo de refuerzo moteado, que iba enganchado en la parte derecha. Este caballo moteado era muy astuto y únicamente fingía tirar del coche, mientras que el caballo de varas, un alazán de cola y crin negras, y el otro bayo de refuerzo —este último respondía al nombre de Asesor porque había sido adquirido a un funcionario que ejercía esa función— se esforzaban poniendo toda el alma, hasta el punto de que se podía apreciar en sus ojos el placer que esto les procuraba[30]. «¡Sigue con tus triquiñuelas, sigue, que ya te enseñaré yo lo que es bueno!», decía Selifán, incorporándose para fustigar al caballo perezoso. «¡Aprende cuál es tu deber, pantalonero alemán! El alazán sí que es un caballo respetable, cumple con su deber. De buena gana le daré una ración más de pienso, porque es un caballo honesto, y Asesor también es un buen animal… ¡Eh, eh! ¿Por qué sacudes las orejas? ¡Escucha, necio, cuando te hablan! No te enseñaré nada malo, ignorante. ¡Eh!, ¿adónde vas? —Aquí volvió a arrearle un latigazo, a la vez que decía—: ¡Eh, bárbaro! ¡Maldito Bonaparte! —Luego gritó a los tres—: ¡Vamos, queridos!», y a los tres los azotó con el látigo, pero no como castigo, sino para demostrar que estaba satisfecho con ellos. Después de proporcionarles este placer, volvió a dirigirse al moteado: «¿Te crees que me engañas? No, compórtate con honradez, si quieres que te respeten. Ya ves, en la casa del terrateniente donde hemos estado había gente de bien. Para mí es un placer conversar en buena compañía; siempre soy amigo de una persona buena, sensible, y estoy dispuesto a tomar el té o un bocado en su compañía. A las personas bondadosas todo el mundo las respeta. Por ejemplo, a nuestro amo todos lo reverencian; porque, óyelo bien, sirvió al emperador, es asesor colegiado…».