Poesia
Poesia que llorosa en su aposento
las sinrazones del rey
le pagaban sus cabellos,
85como tanto estruendo oyó,
a un balcón salió corriendo,
y enmudecida le dijo,
dando voces con silencio:
«Vete en paz, que no vas solo,
90y en tu ausencia ten consuelo;
que quien te echa de Jaén
no te echará de mi pecho».
Él con el mirar responde:
«Yo me voy, y no te dejo;
95de los agravios del rey
para tu firmeza apelo».
Con esto pasó la calle,
los ojos atrás volviendo
cien mil veces y de Andújar
100tomó el camino derecho.