Poesia
Poesia admirando su beldad
no osa descubrir su fe;
que el Cupido de las flores
30es la abeja[923] y, si lo es,
sus flechas abrevia todas
en el aguijón crüel.
Ella, pues, las solicita,
y las despoja después[924],
35por señas, que sus despojos
son dulces como la miel.
Los colores de la reina
vistió galán el clavel,
príncipe que es, de la sangre,
40y aun aspirante a ser rey.
En viéndola, dijo: «¡ay!»
el jacinto[925], y al papel
lo encomendó de sus hojas
porque se pueda leer.
45Ámbar espira el vestido
del blanco jazmín[926], de aquel
cuya castidad lasciva
Venus hipócrita es.
La fuente deja el narciso[927],
50que no es poco para él,
y ya no se mira a sí,
admirando lo que ve.
¡Oh, que celoso está el lilio[928],