Poesia
Poesia ronco sí, escucha a Glauco la ribera
inducir a pisar la bella ingrata,
120en carro de cristal, campos de plata.
Marino joven, las cerúleas sienes,
del más tierno coral ciñe Palemo,
rico de cuantos la agua engendra bienes,
del Faro odioso al promontorio extremo;
125mas en la gracia igual, si en los desdenes
perdonado algo más que Polifemo,
de la que, aún no le oyó, y, calzada plumas,
tantas flores pisó como él espumas.
Huye la ninfa bella; y el marino
130amante nadador, ser bien quisiera,
ya que no áspid a su pie divino,
dorado pomo a su veloz carrera;
mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino
la fuga suspender podrá ligera
135que el desdén solicita? ¡Oh cuánto yerra
delfín que sigue en agua corza en tierra!
Sicilia, en cuanto oculta, en cuanto ofrece,
copa es de Baco, huerto de Pomona:
tanto de frutas ésta la enriquece,
140cuanto aquél de racimos la corona.
En carro que estival trillo parece,
