Poesia
Poesia los crujidos ignoran resonantes,
de las hondas, si, en vez del pastor pobre,
el céfiro no silba, o cruje el robre.
Mudo la noche el can, el día, dormido,
170de cerro en cerro y sombra en sombra yace.
Bala el ganado; al mísero balido,
nocturno el lobo, de las sombras nace.
Cébase; y fiero, deja humedecido
en sangre de una lo que la otra pace.
175¡Revoca, Amor, los silbos, o a su dueño
el silencio del can siga, y el sueño!
La fugitiva ninfa, en tanto, donde
hurta un laurel su tronco al sol ardiente,
tantos jazmines cuanta hierba esconde
180la nieve de sus miembros, da a una fuente.
Dulce se queja, dulce le responde
un ruiseñor a otro, y dulcemente
al sueño da sus ojos la armonía,
por no abrasar con tres soles el día.
185Salamandria del Sol, vestido estrellas,
latiendo el Can del cielo estaba, cuando
(polvo el cabello, húmidas centellas,
si no ardientes aljófares, sudando)
llegó Acis; y, de ambas luces bellas
