Poesia

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Teniendo en cuenta la doble tendencia de la época hacia lo culto y lo popular, se puede entender la dualidad aparente del arte gongorino y comenzar por la lectura de romances, letrillas y canciones, las formas más sencillas por adaptarse a la tradición. El hecho de que sus propios romances se divulgasen entre el pueblo y circulasen como si fueran anónimos es la mejor respuesta de que el autor había acertado plenamente con el nuevo gusto. Sin embargo, no por ser romances todos resultaban fáciles. La facilidad proviene de la musicalidad, conseguida, también por la brevedad, por el ritmo y el estribillo, esencial en sus composiciones realizadas al modo popular. Algunos de estos estribillos (de romances, canciones y letrillas) gozaron de gran popularidad y fueron glosados por diferentes autores. En su mayoría corresponden a poemas líricos, de tema amoroso, («Vuela, pensamiento», «Dejadme llorar», «No son todos ruiseñores») o moral («Aprended, flores, en mí», «Las flores del romero»), aunque también han pervivido algunos burlescos («Ándeme yo caliente», «Los dineros del sacristán») muy próximos al didactismo de los refranes (tan utilizados por Cervantes en Don Quijote) y que se acomodaban perfectamente al sentimiento popular. En esta tendencia Góngora gozó del mismo éxito que Lope de Vega, el poeta más admirado por el pueblo. Sin embargo, aunque los dos renovaron el romance con las cualidades cultas del arte renacentista, sus caminos fueron diferentes, y mientras Lope convertía en arte su biografía de modo que el hilo narrativo servía de trama fundamental para la expresión poética, Góngora distanciaba su yo de la propia creación conservando el tono lírico y sentimental. Sin embargo, logró poemas de extraordinaria musicalidad, fáciles de retener y que, obedecían, a una estudiada organización. Como ejemplo de romance con estribillo incorporado (de forma parecida a las letrillas) puede leerse «Ciego que apuntas y atinas» (88). Aparentemente resulta sencillo, pero si se analiza con detenimiento se observan alusiones míticas y bíblicas, interpretación del amor según el pensamiento petrarquista y procedimientos estilísticos propios de la poesía culta. Sin embargo no se sienten como elaborados porque la música de los versos y la que aporta el estribillo equilibran ese esfuerzo hasta producir un efecto de naturalidad. Lo mismo ocurre en las poesías de tema religioso. Si Lope llegó a la cima en la expresión de este sentimiento enraizado también en la tradición, Góngora consiguió pequeñas obras maestras en las letrillas dedicadas alNacimiento de Jesús («A la dina, dana…», «Esta noche un Amor nace») que tienen por otra parte gran relación con las de Lope. Incluso los estribillos que aparentemente resultan sencillos y elementales están realizados con una gran condensación de medios (fónicos, morfológico-semánticos y sintácticos) que implican una gran elaboración, como ocurre en «Caído se la ha un clavel» (81)


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