Poesia
Poesia En este tipo de poesía «pura», en la que la distancia entre el sujeto creador y el objeto creado es grande, destaca la presencia de poemas, escasos pero muy intensos algunos, en los que el autor se manifiesta directamente en el texto. Son bastantes los que se refieren a su trayectoria vital, sus amistades, sus gustos, o simplemente su situación en un determinado momento («Muerto me lloró el Tormes en su orilla», 35) «De chinches y de mulas voy comido», 36) o ambiente («Llegué a Valladolid; registré luego», 32), pero lo más interesante es la existencia de poemas que son verdaderos documentos vivos de su humanidad. Hay que recordar la preferencia por utilizar el soneto en estos casos, seguramente porque era la mejor forma de controlar el desbordamiento sentimental, tal como lo entendieron los poetas románticos, desde Goethe. Así, el afecto y nostalgia por su ciudad natal está patente en el juvenil soneto dedicado a Córdoba. Aunque todo el texto expresa admiración y afecto, es en los tercetos finales donde se concentra todo su cariño manifestado con la intensificación de los posesivos pronominales como si se tratara de una relación amorosa: «mis ausentes ojos», «tu muro, tus torres y tu río», «tu llano y sierra» (1). Ese mismo sentimiento vuelve a aparecer en el soneto dedicado al río de su tierra (5) con el que, al modo clásico, entabla un diálogo para preguntarle por su amada. Fuera de estos ejemplos lo que se encuentra reflejado es la decepción, expresada con ironía en muchas ocasiones (45) y el desengaño, cada vez más acentuado, según pasan los años, especialmente a partir de cumplir los 63 (período climatérico). La decepción de la vida, de los hombres y de las glorias, constituye un auténtico cancionero moral en el que se puede seguir el dolor de sus avatares personales, que expresa paralelamente en sus cartas en las que ahonda en las anécdotas cotidianas.
